En plena temporada de premiaciones, siempre es un excelente panorama ponerse al día con las cintas que compiten por los máximos galardones de la industria cinematográfica. En ese contexto llega Marty Supremo, película nominada a 9 premios Oscar, producida y dirigida por Josh Safdie (Uncut Gems), que esta vez nos presenta una historia inspirada en la vida de Marty Reisman, legendario jugador de tenis de mesa durante la década de los 50, cuando este deporte comenzaba lentamente a ganar popularidad en el mundo de la posguerra.
Cómo sinopsis, la cinta nos muestra las desventuras de Marty Mauser, un talento innato del tenis de mesa, en su accidentado camino para convertirse en uno de los mejores jugadores del circuito mundial. Todo esto se desarrolla en una época marcada por la reconstrucción económica global tras la Segunda Guerra Mundial, un contexto que influye directamente en las decisiones y obstáculos que enfrenta el protagonista. Marty, con una personalidad extravagante y carismática, se mueve constantemente entre la villanía y la bondad, impulsado siempre por un objetivo claro: superar la adversidad que le tocó vivir y abrirse paso en un mundo que cambia a gran velocidad.

Si bien podría pensarse que la película tiene como objetivo principal retratar el desarrollo del tenis de mesa y su práctica competitiva, lo cierto es que va por un camino bastante distinto. Marty Supremo se centra mucho más en las acciones y decisiones que el protagonista debe tomar en su vertiginosa carrera deportiva, donde la constante falta de dinero se transforma en el principal punto de inflexión para alcanzar o frustrar su sueño. Uno de los grandes puntos altos de la cinta es, sin duda, la actuación de Timothée Chalamet como Marty Mauser, el actor entrega una interpretación sólida y comprometida, logrando un equilibrio muy bien logrado entre drama y humor. Es de esas actuaciones que resultan tan memorables que cuesta imaginar a otro actor en el papel, aportando una energía particular que sostiene gran parte del metraje.
No obstante, y pese a manejar un ritmo adecuado en varios tramos, la película también presenta algunos problemas. El más evidente es su duración: con dos horas y media, el relato se extiende más de lo necesario y podría haber prescindido de varias escenas que aportan poco al desarrollo de la historia. Además, como suele ocurrir en este tipo de películas centradas en competencias deportivas, el desenlace resulta bastante predecible, sin grandes sorpresas para el espectador. En cuanto a los personajes secundarios, aunque algunos logran destacar, varios caen en clichés recurrentes y carecen de un cierre narrativo que realmente los haga memorables.

En conclusión, Marty Supremo es una cinta divertida que nos muestra una serie de acciones que navegan entre la comedia y el drama, en una historia que es narrada con pasión pero que pierde en el mensaje. Una historia de personas que no tienen mucho que perder, pero bastante que ganar. Interpretada de muy buena manera por Timothée Chalamet que puede ser un panorama bastante agradable si estás dispuesto a estar más de 2 horas en el cine.
