Acabo de terminar Donkey Kong Bananza, el segundo gran exclusivo de la nueva Nintendo Switch 2, y vaya que sorprende. El juego apuesta por un gameplay renovado dentro de la saga, un movimiento arriesgado por parte de Nintendo, pero que funciona si aceptamos la idea de invertir largas horas explorando sus mundos y, por supuesto, recolectando las siempre codiciadas bananas que nos acompañarán a lo largo de toda la aventura.
Lo primero que salta a la vista es el apartado gráfico donde colores vibrantes, escenarios llenos de vida y una fluidez que engancha desde la primera partida. Los personajes siguen siendo tan carismáticos como siempre, aunque esta vez destaca un rediseño de Donkey Kong con un estilo más caricaturesco, alejándose de la estética más robusta que nos dejó la legendaria Rare en su momento. Puede que choque al inicio para quienes crecimos con aquella imagen, pero rápidamente se siente natural en el nuevo tono del juego.

Donde realmente se nota la evolución es en el gameplay. Aquí Nintendo se arriesga con mecánicas inéditas para la saga, ahora vemos a Donkey usando la fuerza bruta de sus puños para arrasar con todo a su paso, algo que podría dividir opiniones entre los fans más clásicos. Si has jugado títulos como Super Mario Odyssey o The Legend of Zelda: Breath of the Wild, notarás varias inspiraciones. Por ejemplo, las bananas no son solo coleccionables para desbloquear niveles, sino que sirven como recurso para mejorar habilidades y obtener nuevas destrezas que amplían la experiencia de juego. Este sistema, muy en la línea de los juegos de aventuras actuales, se presenta en un mapa de habilidades donde decidimos cómo invertir nuestras bananas, añadiendo un toque estratégico a la aventura.
A medida que avanzamos en la historia, se suma a la aventura Pauline, pero en una versión mucho más joven de la que conocimos en Super Mario Odyssey. Este detalle refuerza la sensación de que ambos títulos comparten el mismo universo. Pauline no es un simple acompañante gracias a su habilidad de cantar, potencia a Donkey con nuevas transformaciones animales que no solo son variadas, sino que también cambian por completo la forma de jugar cuando usamos estos potenciadores. La música, como en toda entrega de la saga, es un pilar fundamental. Aquí encontraremos melodías memorables que rinden homenaje a la franquicia y que, sin duda, figuran entre los puntos más fuertes del juego. Los mundos, además, están muy bien construidos cada escenario tiene identidad propia, invita a explorarlo a fondo y transmite esa sensación de querer descubrir cada rincón, algo que mantiene fresca la experiencia.

Por supuesto, no todo es perfecto. Algunas mecánicas pueden sentirse algo repetitivas, como la recolección de bananas, que en ciertos momentos se vuelve abrumadora por la gran cantidad y dispersión en el mapa. Lo mismo ocurre con algunos combates contra enemigos comunes, que llegan a sentirse monótonos por la falta de variedad. En el apartado técnico, la cámara es quizás el aspecto más cuestionable, en varias ocasiones pierde el rastro de Donkey, obligándonos prácticamente a presionar botones a ciegas para recuperar la acción. Los jefes, si bien cumplen, no terminan de brillar en su diseño, aunque compensan con un par de sorpresas hacia el final que los fans de Donkey Kong Country sabrán apreciar.
En conclusión, Donkey Kong Bananza se suma al catálogo de la nueva Nintendo Switch 2 como una aventura que resulta difícil de ignorar. Su propuesta arriesgada de renovar la jugabilidad de la saga le da frescura y lo convierte en una experiencia distinta, aunque quizás no sea del gusto de todos. Eso sí, representa una puerta de entrada perfecta para nuevas generaciones que descubrirán al simio favorito de Nintendo en una aventura llena de calidad y diversión. A nivel técnico, el juego corre de forma fluida en la mayoría de los casos, aunque en algunas batallas contra jefes (especialmente al final del juego) se notan caídas de framerate que pueden incomodar a los más exigentes. Aun con esas pequeñas piedras en el camino, estamos frente a uno de los lanzamientos más sólidos del año y a una clara muestra de que los juegos de plataformas siguen más vivos que nunca.